viernes, 1 de agosto de 2008

Pájaro Negro...

Érase una vez...
Una niña, bella niña vestida de blanco con café, su pelo suelto, liso, negro.
Caminaba entre flores del campo de su padre, veía y escuchaba a los pájaros de diversos colores, ella decía que cada uno de ellos, tenía los colores del arco iris. Su felicidad se basaba en la naturaleza y cuando iba a la ciudad, su tristeza volvía a su rostro transformándolo en amargo, viejo, impropio de ella.

Su padre iba a la ciudad una vez por semana, vendía la carne de cerdo y de vaca que cortaba esa misma mañana.
Mientras su padre, Don Gregorio, vendía la carne fresca, su hija Matilde hacía las compras más básicas, verduras y frutas.
Sus compras cada vez eran más rápidas, compraba cada cosa aunque no fuere lo que necesitaba, la idea era irse pronto.

-Señora, aquí le traje la carne, justo el corte que me pidió la semana pasada, pues la tengo hoy! La llevará?-

La dama de rojo oscuro, miró la carne y como si fuera excusa dijo:

-No, pues mal cortada está.

Don Gregorio no dijo ni una sola palabra, dejó que la infame vieja gorda se fuera con su excusa barata, le miró con unos ojos que ya no eran los transparentes.

Su hija caminaba sin ningún ánimo, hasta que Matilde vio un pajarillo que la observaba, cuando lo miró, éste voló y la pequeña lo siguió, era azul con tonos rojizos y amarillentos, ella pensaba que era hermoso y como hipnotizada, sin sacarle los ojos de encima, lo persiguió hasta que el pajarillo paro a beber agua, luego vinieron muchos pajarillos mas, con otros colores mas vistosos aún, pero había uno que observaba desde lejos, desde la copa de un árbol inmenso que si se veía hacia arriba no tenía fin, el pájaro negro corpulento y sin ningún otro color, veía con furia la felicidad de los demás, tanto así que no se dejaba notar.

La niña sin ninguna intención de volver a su labor, miraba a los pajarillos y se decía así misma que quería ser como ellos, sin preocupaciones y sólo volar. Mientras pensaba en su vida como pájaro, escucha la voz de su padre, se asusta y sale corriendo a su encuentro.

Don Gregorio le dice:

-Niña, ¿Dónde estabas? Estaba buscándote.
-Estaba dando una vuelta papá, estaba aburrida.
-Pero niña, eso no significa que no avises, ya vámonos que estamos atrasados.
-Bueno papá.

Se subieron a la carroza y sin cruzar palabras en todo el camino volvieron a casa, en pleno campo.

-Iré a dormir Matilde, no me siento muy bien.
-Bueno papá, iré a caminar.
-No te vayas muy lejos, eh!
-No te preocupes papá, andaré cerca.

El padre con una sonrisa y con un gesto de la mano le dice que se fuera a caminar.
Matilde, es un tanto triste, ella se imagina la vida de ella y su padre con su madre viva, pues Doña Josefina murió en el momento de dar a luz, Matilde deseaba conocerla, pero según Don Gregorio, su padre, era todo mejor así. Doña Josefina nunca fue buena persona, y se casó con Don Gregorio por que ella así lo quiso. Ella era hija del patrón, cuyo patrón mandó ante los padres de Don Gregorio. Cuando Doña Josefina murió, el patrón o su suegro, le regaló unas tierras, y todo lo que implica la palabra, Don Germán se marchó con el resto de la familia. Don Gregorio al poco tiempo comenzó a trabajar las tierras, cuidaba de la pequeña solo cuando era bebe, y de vez en cuando visitaba la tumba de su esposa que jamás le correspondió como debía, y le rogaba que por lo menos cuidara de ellos estando en el cielo.

Matilde aún no se entera de la verdad, pero trata de disimular la inquietud ante su padre.
Mientras estaba caminando y contemplando el cielo tendida en las flores, pasa volando el pájaro negro que la observaba cerca de la feria, pasó lentamente y se detuvo frente a ella, la miró un segundo y salió volando otra vez, Matilde lo sigue, pero este aumenta cada vez más su vuelo, y la pequeña empieza a correr, pues no quiere perder de vista al extraño pájaro negro, corrió, corrió sin notar cansancio y cuando menos se lo esperaba encontró al pájaro frente a una tumba color plomo, envejecida por el tiempo y sin cuidado alguno, solamente tenía una pequeña flor amarilla que se marchitaba de a poco. La niña queda observando la tumba y al pájaro, se acerca de a poco, muy lentamente por que cada vez que adelanta el paso, un viento frío mas se le acercaba, más la enfriaba y mas la asustaba, sin embargo seguía acercándose sin temor alguno. El pájaro negro la miraba sin quitarle los ojos de encima y ella también lo miraba fijamente, como que si la incitase a caminar sin ni siquiera tener su consentimiento.

El pájaro negro, comienza a picar la tumba, sacaba la tierra y la niña le ayuda, el pájaro termina de picar, y la niña terminar de escarbar, la tumba estaba vacía cuando la niña levantó la mirada para ver al pájaro, éste ya no estaba.
Recordó que tenía que volver a casa, pues su papá debía estarla buscando.
Volvió corriendo, y mientras lo hacía pensaba en aquella escena que acaba de vivir, no se lo explicaba.
Cuando volvió estaba su padre llamándola, pues había que comer.
En la cena Matilde le pregunta a don Gregorio, su padre:
-Padre, caminando me di cuenta que hay una tumba vieja y sin cuidados, quisiera saber de quien es.

El padre, palideció y no halló que decir. Titubeando le dijo:

-¿Una tumba? ¿Vieja y sin cuidados?
-Si, una tumba vieja y sin cuidados. ¿De quién es?
-Hija, esa tumba es de alguien que jamás conociste, y jamás conocerás.
-Si, ¿Pero de quién?
-Es la tumba de tu madre.

En la ventana se vio posar al pájaro negro que miraba fijamente a Don Gregorio, el señor intentó echar al animal con un paño grande de cocina, pero el pájaro esquivaba cada golpe devolviendo un picotazo a cambio, pero sin quitarle la vista de encima.
Y el pájaro salió volando, causó tanto la curiosidad del padre y de la hija que salieron detrás del negrucho pájaro, llegaron hasta la tumba y el pájaro cayó en el mismo hoyo que la niña y el pájaro cavaron un momento antes.
El pájaro yacía muerto.
Después de cubrir al pájaro con la tierra, se vuelven a la casa.
Matilde, satisfecha por haber conocido lo que le invadía.
El padre tranquilo, sólo eso tenía una tranquilidad indescriptible.

FIN!!!!

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