En una calle, transitaba sola, con un abrigo largo con la idea de que nadie la viera, o por lo menos que nadie la reconociera. Tenía el cabello largo, tanto que le llegaba casi a los talones. Usaba unos bototos gruesos y largos, con hebillas, seis hebillas para ser más exactos. Tenía guantes de cuero, que le torneaban bien las manos. Sus ojos eran negros que sus cejas le daban la forma ovalada que los caracterizaban, su mirada era tan profunda que cuando te miraba te dejaba perplejo en un pensamiento. Siempre vestía de negro, y siempre estaba sola, bebiendo cerveza en un bar antes de dormir en su cama, sola. Trabajaba en oficina, traduciendo textos en inglés para su jefe. Hablaba todo el día, por eso al terminar el día no hablaba, ni compartía con nadie, sólo con ella y su vaso de cerveza.
Entraba a trabajar a las 8:30 de la mañana, salía a las 9:30 de la noche, se iba a pie, la oficina quedaba a 3 cuadras de su casa. Por obligación tenía que pasar por una calle cubierta de manchas rojas, negras y azules por los grafittis de algunos jóvenes. Cada vez que pasaba maldecía a dichos jóvenes por hacer cosas tan feas y sin sentido. Toda su vida ha sido una rutina. Toda su vida pasó maldiciendo lo que no le parecía, ella decía que debía cambiar eso, pero no lo hacía, pues su vida ha sido una rutina y aquello era parte de su tonta rutina.
Tenía veinte y tres años, sus padres ya no existían, murieron a los 5 años en un accidente poco común, pasó a cargo de sus tíos que nunca la quisieron mucho y la dejaban sola en cuanto a su pensamientos, ahí fue que empezó a ser diferente, distinta al resto, cerrada a las maravillas que existían a su alrededor, para ella todo era negro…y así se quedó, según ella jamás podría cambiar.
Un día su rutina cambió, caminando como siempre en la mañana para su trabajo, en la mañana, pasó un hombre con un abrigo largo, fumando con la mirada incierta hasta que cruzaron miradas. Elisa pasó el día entero pensando que quién era, cuál era su nombre, de dónde venía, tanto era su duda que quería terminar el día y volver a pasar por aquella calle.
Terminó su día, tomó su bolso negro, su abrigo, encendió un cigarrillo y empezó a caminar, esta vez no pasó al bar, se quedó afuera para verlo pasar, cuando perdió las esperanzas al no verlo y decidir que sólo fue una ilusión, caminó a su casa, por otra calle obscura sin mirar atrás. Por el reflejo de la luz, notó una sombra, era él pensó ella, volteó y ya no había nadie, volvió a darse vuelta y el personaje estaba frente a ella, quedó sin aliento al verlo. Manuel le dijo hola, Elisa le respondió con una sonrisa, Manuel le tomó la mano y la llevó hacia el otro lado de la calle.
-Te he estado buscando, le dice Manuel
-¿A mí?
-Si, a ti ¿Hay alguien más aquí?
-No, pero no te conozco, creo que debemos partir por presentarnos, ¿No crees?
-Tienes razón. Mi nombre es Manuel.
-El mío Elisa. ¿Ahora me dirás por que me buscabas?
-Cierto, no te buscaba por quererlo, cuando te vi, decidí buscarte.
-¿Cómo?
-Eso, me gustó tu mirada y te busqué, te esperé todo el día en aquella calle.
-¿Todo el día?, ¿Y cómo sé yo eso?
-¿Por qué haces tantas preguntas?
Elisa le sonrío, mientras que Manuel le tira la mano y se van juntos por aquella calle.
Esa noche Elisa no fue al bar, ni tampoco a su casa a dormir sola, al día siguiente tampoco fue a trabajar, a Elisa y Manuel no se les volvió a ver.
FIN!!!
jueves, 7 de agosto de 2008
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